martes, 14 de abril de 2009

ENTREVISTA CON carlos oroza

Entrevista con Carlos Oroza publicada en el FARO DE VIGO
CARLOS OROZA
´La poesía es mi condena y mi salvación´
"Soy un bicho raro, un tipo solitario, un mal ejemplo para esta sociedad, pero yo decidí perder para ganar"
Carlos Oroza se asoma al gran balcón de la ría, una de sus fuentes de inspiración, en el paseo del Náutico. Nelson Villalobos
Carlos Oroza (Vivero, 1933) es el gran poeta gallego vivo, pese a que escriba en castellano. Su obra, tan corta como brillante, está destinada al canto, y él es su mejor juglar. Entre sus títulos destacan Cabalum, (1980), En el norte hay un mar que es más alto que el cielo, La llama prestada (1998) y Un sentimiento ingrávido recorre el ambiente (2006)

ROGELIO GARRIDO - VIGO El poeta de la luz. De la naturaleza. De la mujer. De lo invisible. Puro. Soñador. El que renunció al mundo para disfrutar de la vida. La pasión poética. El hombre que transita por los márgenes para no extraviarse del centro. Concéntrico y excéntrico. El uno y la otredad. El raro. El maldito. Un resistente. La piedra en el zapato del sistema. El que ama al hombre pero abomina de sus máscaras. Romántico. El poeta sin bandera, patria ni fronteras. Universal. Libre. Juglar anhelante. Poeta doliente. Poeta dichoso. El cantor inocente. Sinfónico. El que ve más allá porque se detiene en lo más cercano. El caminante que sale al encuentro y encuentra porque jamás busca. El que sueña con ninfas y se alimenta de versos. Circular. Extático. Solar. Es Carlos Oroza. EL POETA.

“Una marea blanca
Una tierra más alta
Una frente sin rumbos”
(“Cabalum”)

¿Cuándo tuvo conciencia de su condición de poeta?
- El poeta nace cuando le sorprende la primera palabra. El problema es saber escucharla. Yo construyo mis versos a través del otro yo, el yo interior. De repente, cuando surge la primera palabra, yo me recluyo en un espacio donde no exista nada que me entretenga. Y me quedo quieto, y espero a que suene la voz, que es la otredad. El poema se construye como si fuese una sinfonía, no con rima sino con ritmo interno. Porque la palabra tiene un ritmo interior; la rima es una cosa escolástica.
- El poeta tiene una mirada distinta...
-Completamente. A veces te quedas alelado ante cosas que no ven los otros: un árbol, la marcha de un río, una perspectiva donde tu mirada alcanza mayor longitud... Ahí está el poeta, en la codicia de lo lejano.
- Y a los 18 años se quedó enganchado en la poesía...
- ¡Me quedé atrapado por el canto! Como dijo Hölderlin, la poesía es un juego peligroso por su carga de fatalidad. De tal manera te hace víctima, que si se marcha de tu hombro ese pájaro que canta, te quedas sin nada, sin territorio y sin ti mismo.
- La poesía es, entonces...
- Mi condena y mi salvación. Un mal y su cura.
- ¿Con cada poema se siente vacío o pleno?
- Si el poema es un logro, alcanzas la totalidad del universo, pero entonces se produce el vacío de volver a empezar. ¡Y eso es tan difícil! ¡Volver a la lucha! Por eso, a veces, un solo verso es más importante que todo un libro.
- Este mundo no parece estar para los poetas.
- Somos bichos raros. Un poeta es un tipo solitario, que va escuchando, no se sabe bien qué, y que tampoco se sabe bien adónde va, porque va prendido del canto.
- Tipos peligrosos...
- Mucho. Somos un mal ejemplo, pero yo sólo puedo ser poeta pero cuando se es poeta de verdad, se es todas las cosas. El poeta organiza el caos, da sentido al absurdo de la existencia.
- ¿En su carné se leyó alguna vez de profesión: poeta?
- Jamás, porque para el sistema eso es algo inconcebible.
- Está fuera del sistema...
- Totalmente. Soy un outsider.
- ¿Y eso le agrada?
- A veces sí, a veces no. En ocasiones me constituyo en el enemigo máximo de mi propia existencia. El cansancio de verte todos los días en el espejo, el tener que cambiarte todos los días de ropa... Lo cotidiano mata, poco a poco, lentamente.
- Nuestra sociedad se mira poco al espejo...
- Sí, porque nos tenemos miedo. Empezamos a detestarnos porque eso buscamos la compañía, sobre todo la del televisor.
- Cuando se le ve caminando por las calles de Vigo, alguien puede pensar que está matando el tiempo...
- ¡Pero si estoy trabajando! Mi marcha es una marcha poética. Voy al encuentro de una guirnalda o de un poema, y si no me lo da la realidad, entonces la sueño y la transformo.
- Usted está en el mundo y al tiempo fuera de él.
- Fuera y dentro. En el mundo pero sólo en aquellas cosas esenciales, las que me alimentan. Por eso me siento extraño en este desierto emocional, donde la palabra fue raptada. La palabra alma, la palabra espíritu... ¡tan mal utilizadas!
- Malos tiempos para la palabra.
- Vivimos en el mundo de la pasarela, de los objetos. La gente acude a los grandes almacenes como si fuesen catedrales. Nunca tuvimos tanto y nunca tuvimos tan poco.
- ¿Se siente un bicho raro?
- En realidad, yo encuentro raros a los otros, a todos.
- ¿Dónde está la inspiración?
- Las palabras están sonando en una realidad escondida. Yo voy al encuentro de las musas, que pueden ser una cosa humilde, una flor, cualquier espacio inundado de emoción. El mundo esencial está detrás de los muros de la realidad. Vivimos rodeado de contenciones, de fronteras, siempre represivas. Hay que ver más allá. Tus ojos tienen que alcanzar la perspectiva de la longitud de la naturaleza. El hombre del desierto tiene la mirada más larga y profunda porque vive en un espacio libre. Su mirada es más rica. Nosotros vivimos en un territorio marcado por paredes, fronteras... Nuestra mirada es pobre.
- Defiende el valor de la inocencia.
- Quien conserva la inocencia vive en un estado poético. La inocencia no es idiotez ni culpabilidad; es permanecer en un estado especial: ser capaz de sorprenderte, como un recién nacido que está descubriendo el mundo. La inocencia es la mirada de ese niño que te está preguntando con los ojos. La inocencia es Hölderlin.
- ¿Y la libertad?
- Esa palabra está tan manoseada que me niego a pronunciarla. ¡Ser libre, libre, libre...! Pufff
- ¿Prefiere la palabra soledad?
- La soledad sólo tiene sentido si es para hacer algo. Sin embargo, la otra soledad ni bajo un techo se soporta.
- ¿Y el silencio?
- Ahora todo es ruido, y la poesía es silencio, cadencia, melodía, música... tu propio hálito.
- En un mundo tan hipertecnologizado, ¿es el último artesano?
- Sí, el arte-sano, el arte de la salud.
- Disfrutó en Madrid de éxito y bienestar material, pero un día decidió renunciar a todo...
- Lo abandoné todo. Decidí salir de ese mundo, de ese desierto emocional y penetrar en la esencia de las cosas, en busca del poema y la sinfonía. Así que regresé. Y el lugar más parecido a mi idea infantil de Galicia es Vigo, y aquí estoy. La poesía exige una renuncia total. Yo he dejado todo por esto, pero esto es mucho más placentero y digno. Decidí perder para ganar. Soy un romántico. Ya lo escribí: “Todas las tardes paseo mi derrota por las calles de Vigo, alguna vez me paro en la orilla y espero algún barco”.
- ¿Jamás se ha arrepentido?
- Nunca. Vigo es la luz y yo vine en su búsqueda. La luz, no el sol... ¡La luz!
- Vigo, una ciudad industrial y caótica, no parece poética...
- Pues yo he encontrado aquí la poesía. En mis paseos he descubierto un tránsito poético.
- ¿Es útil la poesía?
- El sentimiento de lo útil y de lo inútil es moralista. Lo más inútil es verdaderamente lo bello.
- Por eso renunció a la poesía social, reivindicativa...
- Me parecía un discurso coyuntural, crónica periodística. Aquello era kármico.
- ¿Con qué está comprometido?
- Con mi poesía. En eso soy egoísta. Busco un poema de hoy que sirva para mañana, aunque las futuras generaciones pueden rachar con todo, porque “lo que ayer fueron grandes verdades, hoy están puestas en duda, no obstante las mareas se precipitan, no hay nada, pues, de lo que fuimos que nos pertenezca”. Lo único que nos pertenece es la tradición; el pasado es hemeroteca.
- ¿Cree en la perfección?
- Para ser poeta hay que sentirse incómodo. En una ocasión, el Papa viendo una obra de Miguel Ángel le reprendió. “Todo está tan bien organizado, pero ese ángel, ese de ahí, ese angel que ha pintado se va...” Miguel Ángel le respondió: “Pues ese ángel es el que más me gusta”. La perfección excesiva es academia. A veces los errores te enseñan. Hay que reivindicar el derecho a equivocarse. En el error sobreviene el acontecimiento y ahí surge el poema.
- Hay quien le reprocha que su trabajo poético es corto.
- Están equivocados. Son gente que defiende la abundancia, el llenar las neveras por si mañana hubiera guerra. Un poema surge de vez en cuando... ¡De vez en cuando! Aquí hay mucho libro inútil que no vale para nada.
- ¿Está orgulloso de toda si obra?
- Si dijera eso, sería un imbécil. Hay cosas que pongo en duda.
- Su poesía es un canto.
- Está hecha para ser escuchada. La imprenta es un fenómeno de nuestro tiempo; la poesía, anterior. El pueblo necesita oración, canto, palabra y silencio.
- Reivindica a los jóvenes...
- Sí, debemos salvarlos para salvarnos.
- ¿Se puede mentir en poesía?
- Nunca, a lo sumo imaginar. La poesía es la verdad mas profunda del espíritu, pero se encuentra muy oculta y necesita ser cantada. Por eso a la poesía no debe puntuarse ni ponérsele comas. Es un canto libre.
- Es un creador de palabras.
- Yo no domino el diccionario. Me repugna. Así que cuando me falla una palabra, la invento. La clave es que esa palabra permanezca, que sea acogida como una aportación a un lenguaje que yo trato de enriquecer, pero no de forma caprichosa; debo encontrar una pieza que encaje en el puzzle. Por ejemplo, cuando canto “Ómniva, Ómniva, Ómniva”.
- Detesta las fronteras.
- Yo tengo un poema que dice: “Dejad que el trigo crezca en las fronteras, porque una flor no puede ser hermosa si no dejáis que el trigo crezca en las fronteras”. La frontera es la cosa más ilegal que hay en el mundo. Es repartirlo, cuartearlo. La infancia es la patria y lo demás, una añadidura.
- Usted ha dicho: “No puedo soportar a los poetas y a los pintores de domingo”.
- La poesía es una actitud permanente. No se puede salir de una clase y escribir un poema, porque eso es caer en la deformación, en el culturalismo más falso. La cultura es sólo un punto de partida. A partir de ahí debemos seguir en la búsqueda de algo superior. Por eso no me gusta la poesía ni la pintura académicas; me gusta el arte de creación. No creo en los poetas de horas libres. El poeta lo es en todo instante. El poema tiene que ser coherente con tu actitud vital; lo que escribes, tienes que vivirlo.
- ¿Se siente un provocador? ¿Cree que los demás lo ven así?
- Me siento indiferente hacia los demás, ni me provocan; al contrario, de vez en cuando los amo.
- ¿Ha sentido odio o envidia?
- Eso sería una carga insoportable, y yo soy muy vago y débil. El rencor es el arma del fracaso más absoluto.
- ¿Cómo encaja en el mundo intelectual y cultural?
- ¡Pero si yo no ando con nadie! No me interesa mucho, porque se repite. No me divierte, no me suena al oído.
- La mujer es otro de sus grandes temas.
- La mujer es un misterio, el eco de tus propias cosas, de la naturaleza. Haber tenido a un individuo como yo dentro de un vientre... supongo que habrían deseado expulsarme urgentemente. Nunca he entendido a las mujeres, sólo las he sospechado.
- ¿Cree que le comprenden?
- Pues por alguna, sí. Alguna tan rara como yo.
- Usted es un gran cortejador.
- Me gusta seducir, como divertimento. Es algo hipnotizante.
- ¿La poesía sabe?
- La poesía se mastica. Cuando escribo, me huele el paisaje.
- ¿Y duele?
- Claro que duele. El dolor es la tendencia a la derrota.
- ¿Lo peor es repetirse?
- Una cosa es hacer poemas repetidos, y otra tener una poética. Cuando tienes una poética siempre estás haciendo el mismo poema, con variaciones.
- La muerte es un tema que esquiva.
- Porque es el fin de todas las cosas. Prefiero la vida y que la muerte me sorprenda cuando le dé la gana.
- ¿Es eso cobardía?
- Sí. Soy terriblemente miedoso.
- Por eso no habla de la noche.
- He soportado la noche con maquillaje. La noche es una mentira literaria. Yo anhelo el sol, la esperanza... ¡la luz! Hasta la palabra es bonita.
- ¿Y qué espera?
- Nada, yo sigo caminando al encuentro de esas cosas que la gente no percibe y pisa.
- Cuándo recita su poesía, ¿qué siente?
- Estoy unos segundos en lo divino.
-¿ Y cómo compone?
- Yo vivo la aventura del poema en mi cabeza. Lo escucho, lo compongo y cuando está acabado y memorizado lo paso al papel, lo convierto en signos.
- Entonces en su cabeza hay poemas por salir...
-Algunos, y ahora estoy luchando con ellos. Ahí están, dando vueltas. Hasta que salen, hay que dejarlos en paz, pero siempre muy alerta.
- ¿Y desecha?
- Rechazo todo lo que me suena a cotidianeidad, a tópico. No soporto la obviedad. La poesía tiene que trasladar el lenguaje, darle una aristocracia. Para eso está la prosa. ¡Que hagan prosa ellos! ¡Son prosaicos!
- ¿La poesía puede abandonar al poeta?
- Eso ya le pasó al prodigioso Rimbaud. Cuando la poesía te abandona, si el canto te deja... ¡es terrible! Es la desolación. Si eso pasa, se acabó la aventura.
- ¿Necesita ser entendido?
- No. Yo busco la gente entrañable, humilde; que recibe el poema aunque no lo entienda; que está sin estrenar; que tiene capacidad para emocionarse. Ahí encuentro una proximidad de espíritu. Porque el que está contaminado por la cultura es insoportable. ¡Es un pedante! ¡Un verborraico! Sufre de incontinencia verbal. La demagogia es nauseabunda. El cultismo, no; la cultura, sí.

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