jueves, 17 de diciembre de 2015
ES BRIZNA, ES BRIZNA EN EL AIRE QUE RESPIRO (Marcos Canteli)
miércoles, 14 de octubre de 2015
La Semana de Poesía Salvaxe aterriza en el Festival Eñe del Círculo de Bellas Artes de Madrid - Ferrol - Diario de Ferrol
El poeta y activista cultural ferrolano cuenta: “Después de su paso por Ferrol y de ser conocedor de la experiencia de la Semana da Poesía Salvaxe, Rivas nos llamó para que la contásemos en Madrid. Allí estaremos. Presentaremos nuestra vivencia de ocho años trabajando para difundir la palabra poética en bares, plazas y calles de Ferrol, por mostrar que la poesía es el territorio último de la verdad y la solidaridad, con todos los poetas que estuvieron con nosotros en estos años, no siempre fáciles para esta iniciativa poética que en ocasiones no gustó a ciertas élites”.
A mayores, Karlotti anuncia la presentación en la capital española de la antología editada este año y que reúne a medio centenar de los participantes en este festival ferrolano de la palabra poética: “Escolma salvaxe. Ferrol 2007-2013. Seis años de poesía salvaxe”, coordinado por Marcos Lorenzo, Guillermo Ferrández y el propio Karlotti.
La Fábrica y el Círculo de Bellas Artes organizan la gran cita de la literatura española. Un punto de encuentro para escritores, editores, periodistas y apasionados por la lectura que ofrecerá un programa literario dirigido por el escritor Manuel Rivas.
El concepto de este año según los organizadores es el de “Abrir pasos”, idea transversal que vertebrará más de 50 actividades entre diálogos intrépidos, mesas redondas, conferencias, talleres, recitales poéticos, actividades infantiles y música.
Juan Goytisolo será el protagonista del acto inaugural del Festival, una conversación junto al periodista Antonio Lucas. Quico Cadaval, aquí narrador oral, será el encargado de la clausura con los relatos de “Apocalipsis final”. Por el medio estarán Julio Llamazares, Javier Moro, Marta Sanz, Caballero Bonald, Juan José Millás, Luis García Montero, Agustín Fernández Mallo, Bernardo Atxaga y la argentina Raquel Robles son solo algunos de los escritores destacados del programa. Junto a ellos, periodistas, cineastas, artistas, músicos y científicos como Joaquín Sabina, Ana Curra, Miguel Ríos, José Luis Cuerda, Baltasar Garzón, SUSO33, el presidente de Médicos sin Fronteras y el director de Amnistía Internacional en España, hasta sumar un total de 70 participantes.
El programa prestará especial atención a la poesía y contará con la presencia de Leire Bilbao, Javier Gallego “Crudo”, Ada Salas, María do Cebreiro, Fernando González “Gonzo”, Lola Larumbe, Antón Patiño, Nelson Calderón, Carmen Pena y los citados Víctor M. Díez y Juan Carlos Valle Karlotti impartirán talleres exprés de creación en disciplinas tan diversas como el periodismo, la narrativa, el arte, y hablarán de sus experiencias.
lunes, 12 de enero de 2015
ESCOLMA DE POESÍA SALVAXE, A TÚA AXUDA É NECESARIA
(En la solapa de Escolma salvaxe)
: : Un poema de la antología, de Chus Pato
é posible estar namorado da vulva dunha egua
e contemplar como lentamente as vacas se envelenan.
É posible afirmar que o sexo dunha trincheira é máis longo que o sexo
da máis longa das serpentes
porque tamén as trincheiras falan
no idioma en que falou Morgana.
É posible dicir que as moscas, as do inimigo, tratan de impedir a
chegada dunha carta, a túa.
Que Pio X é o home máis moderno do teu século
e disfrazar un tristísimo emigrante co traxe dun lord morto.
Hai pouco que estou aquí.
Balbuceo.
es posible estar enamorado de la vulva de una yegua
y contemplar como lentamente las vacas se envenenan.
Es posible afirmar que el sexo de una trinchera es más largo que el sexo
de la más larga de las serpientes
porque también las trincheras hablan
en el idioma en que habló Morgana.
Es posible decir que las moscas, las del enemigo, tratan de impedir la
llegada de una carta, la tuya.
Que Pio X es el hombre mas moderno de tu siglo
y disfrazar a un tristísimo emigrante con el traje de un lord muerto.
Hace poco que estoy aquí.
Balbuceo
viernes, 5 de diciembre de 2014
ESCOLMA DA POESÍA SALVAXE (Seis anos de poesía nas ruas de Ferrol)
SEIS ANOS DE POESÍA NAS RUAS DE FERROL
O xoves, DÍA 11 DE DECEMBRO, as oito da tarde, no ATENEO FERROLAN presentaremos finalmente a ANTOLOXÍA DA POESÍA SALVAXE, seis anos de poesía nas ruas, (son sete os que levamos), corenta e dous poetas, cos seus poemas, un libro que ve a luz pendente da vosa acollida. O esforzo foi grande, haberá erros e algunha ausencia, pero todo se beira compensado polo entusiasmo, paixón e xenerosidade que puxemos en facelo realidade.
A PRESENTACIÓN SERA UNHA MOSTRA DE AMIZADE E COMPROMISO, DE AXUDA MUTUA E CONFIANZA EN TODOS E CADA UN DE NÓS.
Esperámosvos, necesitamos estar arroupados polos que sodes o que dá sentido aos días.
Saúde, e unha aperta grade pra todos e todas. Grazas e Saúde
martes, 11 de diciembre de 2012
“Celso Emilio Ferreiro, no seu centenario”

lunes, 10 de diciembre de 2012
Llegan las cartas del nómada dorado
Llegan las cartas del nómada dorado
A punto de cumplirse 23 años de su muerte, ¿qué nos queda de Bruce Chatwin? Los viñedos de Afganistán, el anhelo de Persépolis bajo la lluvia, las pisadas de las gacelas en la arena africana, los alminares de Jam, los arriates de rosas en los jardines de Istalif, el canto perdido de un viejo aborigen en los desiertos de Australia, toda Patagonia, un vehemente deseo de belleza y libertad... No hemos sido tan afortunados como Werner Herzog, que heredó su baqueteada mochila. Pero es igual, mientras tengamos sus libros, unas botas y un destino (¡y una Moleskine!), Chatwin seguirá con nosotros.
"Era una fuerza de la naturaleza", me dice otro gran viajero, Colin Thubron, que lo conoció bien. "Muy obsesivo, tremendamente hablador cuando tenía una idea en la cabeza (que era casi siempre). Violentamente imaginativo más que juiciosamente erudito, y ciertamente no académico. Te sentías arrastrado por la pura fiebre de su entusiasmo".
No sé, es pensar en el rubio Bruce y sentirse invadido de un deseo de partir y de una rara melancolía que se extiende como un hermoso vellón dorado sobre el extenso suelo del mundo. El James Dean de los viajes, el Alejandro de los trotamundos, el culto, narcisista y bisexual efebo errante, Bruce Chatwin (1940-1989) alzó la antorcha de su vida —que acabó abrasándolo— para señalarnos la dirección de una existencia nómada en caminos, intereses y afectos. ¿Adónde hubiera llegado? Rushdie, su amigo, ha dicho que Chatwin solo estaba empezando y que únicamente hemos podido ver el primer acto de lo que hubiera podido llegar a ser. Cruzó los límites entre la ficción y la no ficción, viajó como una efervescente rencarnación de Rimbaud. Era capaz de hacer un viaje para ver la armadura de un mongol disecado en el desierto de Sind, motivarse con un trozo de perezoso gigante y hasta tuvo de mascota una pitón. ¿Cómo no rendirse a alguien así?
Ahora llegan sus cartas (y que emocionante es pensar que arriban desde esa inexorable frontera que no vuelve a cruzar viajero alguno) para iluminar el trayecto intelectual y vital de un personaje cuya dimensión se agiganta con el paso del tiempo. Le muestran más inseguro que sus (seis) libros, más humano, vulnerable, inquieto e impaciente. Automitificador, snob, poseur, deseoso de impresionar, sí, pero, como dijo nada menos que Robin Lane Fox: "boy, he knew"; vamos, que ¡sabía de todo!-. Lleno de planes volátiles y viajes que nunca se realizan. Y muy preocupado, obsesionado incluso, por las cuestiones económicas.
Bajo el sol (Sexto piso) es una selección de varios centenares de cartas enviadas por Chatwin —incluyendo postales (como la del Zamzama, el cañón de Kim, en Lahore; o la del cráneo de Cromañón, en Les Eyzies) y algún telegrama—, que ha realizado su viuda Elizabeth Chatwin en colaboración con el notable biógrafo del escritor, Nicholas Shakespeare. La colección, minuciosamente anotada y comentada, abarca cuarenta años. Arranca con una carta de Bruce a sus padres en mayo de 1948, desde el colegio, y acaba con otra dirigida al propio Shakespeare el 29 de diciembre de 1988 (Bruce murió el 18 de enero siguiente, cuatro meses antes de cumplir los 49 años), escrita por mano de Elizabeth. De hecho las últimas cartas de Bruce Chatwin, estragado por el Sida, las dictó todas a su mujer ("tengo las manos entumecidas y soy incapaz de usar las piernas"). Entre la primera y la última, como una caravana de papel que atravesara el mundo hasta sus confines, se extiende el increíble y fascinante itinerario de un alma inquieta devota como pocas de lo exótico y lo hermoso. A destacar que son el único material que Chatwin nunca corrigió.
El reguero de cartas se puede leer, recalca Shakespeare, como una suerte de autobiografía en zig-zag y lo más cercano posible a una conversación con Chatwin. Su trabajo en Sotheby's, los estudios de arqueología, la fascinación con los nómadas, la génesis de los libros, los viajes, su etapa de periodista (entrevistó a Malraux, a Mandelstam, a Indira Gandhi -en una carta recuerda jocoso como un mono con mastitis trataba de levantarle el sari a la primera ministra-), la vida mundana a la que era tan adepto (“escoltando a Jacqueline Onassis a la ópera el jueves”), la ruptura con Elizabeth (pese a que su mujer le dejaba vivir libre sus aventuras, las de mochila y las otras), y la vuelta con ella, el rosario de dolencias provocadas por el Sida…
En una carta desde Niamey, Níger, dice que ¡se ha dejado bigote! ("por primera vez me deshago del espantoso aspecto de niño bonito y puedo otear la posibilidad de hacerme mayor si no con dignidad al menos con cierto estilo"), y afirma sentirse, entre tuareg, bouzous, peulhs (de los que anota el rumor de que cambian de sexo en ciertas estaciones del año), hausas y camellos, "very Beau Geste". En otra explica cómo se pasea "COMPLETAMENTE DESNUDO" (sic) , excepto las botas, por las montañas de Oregón, para sorpresa de un guardabosques. En un fuerte rajputa antigua propiedad de un coronel de los Lanceros de Jodhpur, fuma ganja y mientras nosotros diríamos tonterías él rompe a recitar en sánscrito las primeras estrofas del Bhagavad Gita, ¡qué tío!
Entre los destinatarios de sus cartas, Elizabeth, sobre todo; su familia ("Querida mami, ¡Afganistán, al fin!", Herat, 1963) y amigos, sus editores y una buena lista de personajes célebres, entre ellos Susan Sontag—-a la que recuerda el fantástico rato que pasaron juntos ¡comiendo entrañas en Chinatown! y hace reflexiones amargas sobre la Guerra de las Malvinas-, James Ivory, del que fue amante, según su biógrafo, y al que llama Jungle Jim("Mauritania, nada excepto hombres azules caminado a través de paisajes naranjas y púrpuras"), Gerald Brenan, al que explica cómo fue a Ouidah en la costa de Dahomey y encontró la pista de De Souza, tratante se esclavos y virrey del reino africano…
También están entre los correspondientes Paddy Leigh Fermor, de cuya casa en el Peloponeso Chatwin era un asiduo y en las cercanías de la cual se esparcieron sus cenizas ("te buscaré el diccionario comparativo de lenguas indoeuropeas en Blackwell's y te lo traeré de regalo"), Desmond Morris (con el que habla de un niño lobo indio), Roberto Calasso, Paul Theroux, o Colin Thubron ("el mito de Prometeo es crucial para explicar la condición de los primeros hombres, ya que es con el fuego con lo que podía protegerse de noche de los depredadores"). "Ocasionalmente recibía una carta suya out of the blue", me dice Thubron. "Simplemente quería celebrar algo que le había fascinado, como si no pudiera dejar de escribir sobre ello, y no precisaba de ninguna respuesta". Una de las cartas es a Eileen Gray, la nonagenaria arquitecta y diseñadora en cuyo apartamento Chatwin vio el mapa de Patagonia. "Vaya por mí", le dijo ella.
Hay en las cartas -en las que aparecen citados infinitud de personajes, Jan Morris, Michel Tournier (a propósito de las conexiones entre Los meteoros y su Colina negra), Peter Matthiessen- frases y descripciones maravillosas. "Los aborígenes australianos aunque infinitamente fascinantes son también infinitamente tristes", "las ovejas eran del mismo color dorado que la hierba agostada, un arco iris se elevaba de un lado a otro y bajo él una bandada de grajos alzó el vuelo centellando como diamantes negros".
Encontramos en origen algunas de sus citas más célebres: "Dentro de todo viajero un anacoreta está deseando quedarse". "El cambio es la única cosa por la que merece la pena vivir. Nunca aparques tu vida en un escritorio. Lo que sigue son las úlceras y los problemas cardíacos". "Tengo la compulsión de vagabundear y la de volver, como un ave migratoria". Una carta está dedicada al problema de conseguir las libretitas Moleskine, que él convirtió en icono del viaje.
Otras muestran a un Chatwin en horas bajas, indeciso, insatisfecho. Hay chismes y pequeñas bajezas. Un afán de socializar y aparentar. Resulta también terriblemente patético, o acaso entrañable, el empeño en sus penúltimas cartas por negar la evidencia del Sida y disfrazarlo de enfermedad glamourosa: "Malaria no diagnosticada cogida en el famoso viaje a Ghana", "el hongo que me ha atacado la médula ósea se ha identificado solo en diez campesinos chinos (presumiblemente es en China donde lo he cogido), unos pocos tais y una orca arrojada en las costas de Arabia". "Metabolizó su dolencia en algo rico y extraño", anotan su mujer y su biógrafo.
Aunque aparecen sus amantes, Teddy Millington-Drake, Andrew Batey, Jasper Conran o Donald Richards, no se encuentran en las cartas muchas referencias a las relaciones homosexuales de Chatwin. En realidad casi todas las que hay las ha de acotar Shakespeare porque si no resultan ininteligibles. Su espléndida y sugerente biografía (Bruce Chatwin, Muchnik Editotres, 2000) es infinitamente más explícita y reveladora en ese sentido y los dos libros se complementan como un todo.
Es difícil quedarse con una carta. Pero encuentro especialmente conmovedora la que envió a su padre para disculparse por haber explicado en En la Patagonia una historia desafortunada de su bisabuelo. "I am sorry".Como frase es notable la de una carta desde el Hotel Cabo de Hornos, en Punta Arenas: “ Mi mochila está tomando la más bella pátina”.
habito una ciudad o un campo de batalla
me cago en el eixample: La inseguridad del territorio
Si sobrevolamos jardines antiguos, los de Chantilly por ejemplo, nos damos cuenta de que tienen, en su conjunto, la misma importancia geográfica que una pradera en un bosque inmenso. Las alamedas, las circunvalaciones, los sistemas de riego, todavía sugieren algún trazado abierto por una tribu, un espacio restringido que ha sido ordenado y significado por una geometría social. Pareciera que alrededor en cierta medida, el hombre aún le ha dejado a la “naturaleza” la latitud de significar y legislar en su lugar. Esta última latitud tiende a desparecer totalmente a partir de mediados del siglo XVII. En esa época, hombres –que no son militares, ni arquitectos, ni ingenieros- pretenden enseñar el arte de “trazar campos y fortalezas”. Enseñan precisamente lo que por entonces se llama la castrametración –el arte de engañar por medio de trazos geométricos. No se trata aquí de un arte específicamente militar sino, tal como lo hace notar el coronel Lazard, de una suerte de reino de la geometría descriptiva, proyectada sobre la naturaleza, sobre los sitios.
Al mismo tiempo, son distribuidos y fabricados los primeros instrumentos de medida suficientemente precisos como para establecer la situación de los lugares, el cálculo de los tiempos y de las distancias, de las altitudes, etc. Este tipo de ejercicio conoce una extraordinaria boga mundana y, poco a poco, renace en la sociedad policíaca la idea antigua: la geometría es la base necesaria para una expansión calculada del poder del Estado en el espacio y el tiempo… Inversamente, el Estado posee entonces dentro de sí una figura suficiente, ideal en la medida en que sea idealmente geométrica.
Felicidad suficiente también, ya que, según sus numerosos adeptos, en la geometría “lo verdadero y lo bello están íntimamente ligados” y, para el hombre honesto, la geometría se ha vuelto un arte, con sus satisfacciones estéticas, “la seducción de sus maravillosos encadenamientos de razonamientos”. Pero Fénelon, al oponerse a la política de Estado de Luis XIV exclama: “¡Guárdense de la hechicerías y los atractivos diabólicos de la geometría!”
Paul Virilio, La inseguridad del territorio, págs 121-126
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