sábado, 19 de mayo de 2012

diciendolo de nuevo, de MIGUEL SUAREZ


Diciéndolo de nuevo

Escribir no consuela.
Estar no consuela.
He estado algunas veces
menos cada vez,
quiero decir que a veces deseé estar
igual que cuatro o cinco veces por año y de forma casual
mi nariz entiende los olores de la tierra tras una tormenta,
y también porque no sé cómo hay que sacar la navaja
del bolsillo de la chaqueta,
o esperar por esperar con un vaso entre las manos
—y ni siquiera lo llevo mejor que antes—.

Y quién me iba a decir a mí en el 58,
cuando Agueda se convirtió en aguja de coser
por dos semanas —Agueda, la vieja bruja—,
que a veces he escuchado durante estos últimos años,
tal como se oye la pieza más perdidamente sentimental
a última hora en un baile,
que se trataba de construir un arrabal más que nunca:
en zig-zag, porque se poblaba en las estancias y en los viajes,
conservador, porque fijaba el tiempo en el buen tiempo,
arrebatadamente divertido como lo sentirá un bailarín,
malla de pasiones y de confidencias para todos inevitables

por el mero hecho de que lo anunciaran los ojos
de cualquiera de los convocados.
Los que eran insurrectos o al menos nombraban la rebelión
como algo razonable,
en el mismo momento de apurar calmosamente una taza
de café.
Los que iluminaban su plaza pública con una linterna
de doscientas pesetas,
enviando señales intermintentes que no podían recogerse
en los informes de las comisarías.
O diciéndolo con otras palabras y para citar
a Rimbaud que estaba presente para algunos
entre los que me incluyo:
Mirad los estados, las iglesias,
las familias, mirad los ejércitos, los patrones
vagando como sombras contra los edificios, por las esquinas
de las calles,
condenados a arrojar sal en glaciares infinitos,
sin descanso.

Y una veintena que yo conocía personalmente
—casi todos en ciudades relativamente cercanas—
y algunos millares —sin número exacto— por todo el planeta
y tal vez uno o dos millares en Alemania Federal
—entre los que nombro ahora a R. W. Fassbinder—
conocían la sombra y la luz,
y sin que esto sea milagroso, sino sólo lo justo,
te los podías tropezar en medio de la multitud
llevando en las manos puñados de chispas
de plata.

Y así lo escuché a veces e incluso lo hablé con algún amigo
apasionadamente,
y aún lo escucharé todavía.
Pero esto apenas quiere decir nada, o peor, es una manera
del error, un rostro de cera.
Pues aquel trajinar, tan sagrado como cuando se aceptó
a Eneas en Cartago y se reparó su nave,
va ensordeciendo, se oye tan lejano,
tomado ya por ruidos estridentes dentro de nosotros,
como gritos de mataderos y gritos de los amos,
y todos los volúmenes de las cosas terminando en giba
bajo una luz de brillo torvo, luz de amaneceres helados
anunciando la peste.

Estoy ahora solo y sentado en el vestíbulo de un cine
entre colillas y bolsas de plástico y desechos
y lo que me digo ya me lo he dicho mil veces
y comienza ya ese zumbido en la cabeza
y me pregunto
qué pintaba A. Baader sentado en aquel café-bar
tan parecido a los que conocí en Zürich
con un cenicero triangular en primer plano
donde se leía CAMPARI.

¿Alguna vez más? ¿Necesitaremos escucharlo aún más?
"Me fui hacia el claro de luna, hubo un momento
para los gritos y los cantos de los pájaros
justo cuando anochecía. Y de repente el ruido ordenado
de la lluvia cesó.
Y la fiebre y la humedad no se unieron para pudrirse,
apareciendo el buen tiempo".

Me veo acabado, comienzo a estar viejo.
Me tengo que decir más a menudo
cosas como ésta:
"no se permite la melancolía, no permitas
la melancolía".
Para mí y para otros muchos
el deseo vendrá rodeándose de abrigos de lana raída,
al menos por un momento que se supone largo
y a lo peor irredimible.
Como cuando A. Kluge y otros, entre los que estaba R. W. Fassbinder,
se juntaron para contarnos acerca del estado de cosas
durante aquel otoño
—"NO APTO PARA POLICÍAS"—
y gestos y voces que diez años atrás
fueron súbita tormenta amenazando crecida
al amanecer,
un puñado ahora de rostros ateridos en las afueras,
resonar de cascos, ladridos y sirenas aullando.
O son las cinco de la madrugada
y estás con la mujer que amas, chupando
su sexo y piensas:
no hay ningún cuerpo sagrado sino cualquier desconocida
en un escorzo excitante.
¿Y qué le sucedió a Jack, cuando asfixiado por la Fama en Nueva York,
intentó volver a arrastrar sus zapatos por el camino?
Buscó a sus viejos amigos, o no los encontró o no se entendió con ellos.
Salió a hacer dedo y le salieron ampollas.
Entonces se largó a un oscuro pueblo de ladrillos rojos,
se casó con la chica que le gustaba cuando iba a la escuela
y se dedicó a cuidar de su madre.
Puso una dirección falsa
y se hizo un sitio en una cantina.

Estar cuesta y no deja de ser una frase
lamentable,
lo mismo que sospecho de este informe
desde la primera palabra y de su conmovido
estilo.

Ignoro mucho del deseo, como la mayoría
de los hombres,
pero siempre que se presentó
vino con brillantes lágrimas, entre luminosos vestidos,
de calor oscuro y húmedo a la vez, como a veces suena
una trompeta.
Nunca lo pude ver de otra forma
y no creo que esto se pueda cambiar así como así.
Y siempre llegó inaplazable.

Y para el próximo período ¿qué vamos a hacer:
Leon Davidovich Bronstein / México D.F.?
¿Y cuánto nos va a costar?
O también ¿qué tal fortuna hay para los aries
el año que viene?

Me pinto para ir al banquete de los pordioseros donde los pobres diablos
se presentan cada vez más pobres.

Es una forma de no querer estar.
Es una forma de no querer estar

Me miro y no me gusto

MIGUEL SUÁREZ (Del libro ‘De entrada’)

viernes, 11 de mayo de 2012

UN POEMA DE LUIS TORRAS INCERA (o burato do inferno)

o burato do inferno

EL PESCADOR

POEMA DE LUIS TORRAS INCERA 



En las rompientes donde el mar se mella
y el pajarraco grazna atrabiliario,
donde las rocas ni usan vestuario
el desgraciado escupe hasta su estrella.

Exiliado un islote de centella,
ràpido,fiel,veleta a lo contrario,
comparsa del cangrejo solitario,
detesta,rabia,sata,se querella.

En las rugosas arcas de su imperio
cuando la marejada es cabo y danza,
recogiendo pecados con la tanza

de pescados satura el monasterio.
Medita allí tazones de venganza
con la estoa elevada a cautiverio.

Luis Torras Incera(Jean L`Olonnés)

domingo, 22 de abril de 2012

Riveiro Coello, Olga Novo, Martínez de Pisón y Tomás Segovia, Premios de la Crítica

 Isto se que é unha festa en toda regra, e polo menos dous amigos magníficos xuntos, unidos polo recoñecemento publico dunhas voces poéticas diferenciadas, xenerosas, desde onde se escoitan todas as voces, todos os ecos, todos os silencios, dous tradutores do silencio das cousas que nos enchen de delicadeza e lucidez o corazón e fannos infatigables na hora de sobrevivir a tanta mediocridade, ante tanta mezquindad como a que o Poder exhibe. As dúas, a Tomas lle encantaria esta compañia, compartímolos en Ferrol. O CLUB DE LECTURA DA BIBLIOTECA DE FERROL, asi como a SEMANA SALVAXE QUE NESTA CIDADE DECIMADA, IMOS A Celebrar POR QUINTO ANO CONSECUTIVO, sentímonos orgullosos de recoñecerlles polo tacto das súas voces. Un abrazo grande e felicidades, aos tres, e a ti, Olga, compartir cunha simpatia indicible tan xusto recoñecemento.Un biko e aqui sempre che esperamos.


Riveiro Coello, Olga Novo, Martínez de Pisón y Tomás Segovia, Premios de la Crítica

Riveiro Coello, Olga Novo, Martínez de Pisón y Tomás Segovia, Premios de la Crítica

 

Los críticos literarios españoles se reunieron ayer en Segovia para fallar sus premios anuales, que en el apartado de gallego recayeron en Laura no deserto (Galaxia), de Antón Riveiro Coello, y Cráter (Toxosoutos), de Olga Novo, en las modalidades de narrativa y poesía, respectivamente. Laura no deserto es una novela larga en extensión y ambición, en la que Riveiro Coello recorre escenarios tan distantes entre sí como Barcelona, Galicia y Nueva York, para hilvanar una historia que abarca varias décadas y que recrea las vicisitudes de un grupo de personas cuyas vidas quedan marcadas por la Guerra Civil y los años posteriores. Estructurada sobre a su vez sobre cuatro libros, una de sus partes puede leerse como una obra casi independiente que se acerca al tema del holocausto judío y los campos de exterminio nazis.
Por su parte, en Cráter Olga Novo profundiza en su concepción poética basada en el espíritu libertario, el erotismo y las pasiones vitales en conjunción con un apego telúrico. Los versos que dan forma al libro, con prólogo de Carmen Blanco, nacen de distintas vivencias, como pueden ser el abandono del rural gallego o viajes a la Bretaña francesa o la ciudad italiana de Pompeya.
En lengua española el premio de narrativa fue para El día de mañana (Seix Barral), de Ignacio Martínez de Pisón, una novela que reconstruye la transformación de un emigrante en la Barcelona de la posguerra en un delator de la Brigada Social del franquismo. Contada a través de los testimonios parciales de quienes trataron al protagonista, la novela se extiende hasta los años de la transición y se enriquece con los múltiples puntos de vista e historias personales de los narradores. El día de mañana ya había recibido el premio al Libro Europeo que concede la UE y el Ciutat de Barcelona.
A Tomás Segovia el premio le ha llegado póstumamente, ya que falleció el año pasado, pocos meses después de publicar Estuario (Pre-Textos). En sus versos el escritor anticipa su propia muerte, en un tono que mezcla ironía y elegía.
En lengua catalana los distinguidos fueron Jaume Cabré, autor de Jo confesso, y Perejaume, con el poemario Pagèsiques. En euskera, Harkaitz Cano ganó el premio de narrativa Twist, mientras que en poesía el galardón fue para Aritz Gorrotxategi, autor de Hariaz Beste.
los galardonados
Premiado por su novela de largo aliento «Laura no deserto»
«Cráter», un poemario marcado por el espíritu libertario y el erotismo
En «El día de mañana» relata la vida de un delator del franquismo
Galardonado póstumamente por los poemas de «Estuario»

sábado, 21 de abril de 2012

Premio de la Crítica, homenaje póstumo a Tomás Segovia

Premio de la Crítica, homenaje póstumo a Tomás Segovia

El galardón, que concede la Asociación Española de Críticos Literarios, fue otorgado al poeta, fallecido en 2011, por su libro Estuario
Segovia escribi? una vasta obra.
Soria, España | Sábado 21 de abril de 2012EFE | El Universal


El Premio de la Crítica, fallado hoy y que concede la Asociación Española de Críticos Literarios, se ha convertido en un homenaje póstumo a Tomás Segovia, fallecido en 2011 en la Ciudad de México, y que ha sido galardonado por su último libro de versos,Estuario, dentro de la modalidad de poesía.
Tomás Segovia (1927-2011), ensayista y dramaturgo ocasional, dedicó por entero su vida a la poesía dentro de una obra que resumió, a modo de testamento literario, en Estuario (editado en España por Pre-Textos), libro al que sobrevivió tan sólo ocho meses y cuyo título simboliza, en forma de metáfora, su presentida muerte.
"Da la sensación de que fue escrito con la conciencia de que no estaba muy lejano el final del propio poeta" , ha explicado Manuel Rico, portavoz del jurado, acerca de un poemario donde las vivencias existenciales transitan por terrenos tan desiguales como la ironía, el tono de elegía y la exaltación.
El presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios (AECL), Ángel Basanta, ha informado del resultado de los premios, instituidos en 1956, de convocatoria anual y que han sido fallados en Soria (noroeste de España) con motivo de la conmemoración en 2012 del centenario del poemario "Campos de Castilla", que Antonio Machado compuso y publicó durante su estancia en esa capital.
En la modalidad de narrativa, la AECL ha distinguido a Ignacio Martínez de Pisón, por su novela El día de mañana, una obra ambientada en Barcelona y protagonizada por un confidente de la Brigada Social en los últimos años del franquismo.
Tras la concesión del Premio de la Crítica a Tomás Segovia, la viuda del poeta, María Luisa Capella, ha mostrado su satisfacción: "Aprendí de Tomás a no esperar estas cosas, pero lo agradezco mucho, en su nombre y en el de sus hijos. Este premio le hubiera gustado muchísimo, precisamente porque no tiene dotación económica, pero es de los que acercan a los lectores".
"En Estuario no hay un soólo verso que no sea verdad" , afirma la viuda del poeta, quien "describía el mundo para entenderlo, y acudía mucho a la naturaleza para celebrar el milagro de estar vivo".
En este sentido, se manifiesta Manuel Ramírez, director de Pre-Textos, que editaba en España la obra de Tomás Segovia desde principios de los años ochenta, un total de catorce libros y ya en imprenta "Rastreos y otros poemas", "lo último que dejó escrito; un recuento de la vida y de su relación con la naturaleza y las cosas".
Nacido en Valencia en 1927, Tomás Segovia vio truncada su infancia por la Guerra Civil española (1936-1939), que forzó la salida de su familia de España y su llegada a México en 1940.
Con 16 años comenzó a escribir sus primeros poemas, asumiendo con naturalidad su condición de "desarraigado", "como una forma de existir y sin amargura, ya que era una persona muy singular, muy libre", prosigue su editor en España.
"Con el tiempo va a ir ganando notoriedad, porque es un gran poeta que nunca ha estado al aire de las modas, sino más bien a la intemperie", según Ramírez.

O lume traba

"O lume traba a verde fermosura
cos dentes incandescentes dun aquelarre dourado
a auga expulsada ao ceo violentada e escura
ennegrecida como a calaña dos malvados incendiarios
que as ramas dos sobrevivintes os sinalen para sempre
que a savia que non morra os afogue de xustiza
que a vida que queimaron os derrote resurxindo
que regrese a verde fermosura
que regrese

Ricardo Ledo"